Actualmente se construye el caos en toda la carretera. Mira los aromos: la ciudad se da vuelta a contemplar las estrellas fosilizadas en los cauces. Decídete a cambiar la rutina de la lluvia; hasta las gotas tienen derecho a cambiar la dirección de su caída.
Los crepúsculos tienen hambre de cielos sobre tanques. La noche consume gritos llenos de buen colesterol. La madre renunció a los teléfonos cuando las cuentas congelaron la espalda y el dolor. Cuadro a cuadro la mano del padre llegó a la pausa, antes del suicidio perenne de la tecla de reproducción. Las barbas sólo crecen cuando renuncian a los espejos.
La luz es cuática, cuántica por derecho consuetudinario, y mayo cae sobre verdes purpurados, entre piernas, brazos y cerebros supurados.
Necesito arrendar una escalera; hay que secar techos después de los chubascos, guardar las radios bajo el volumen, cantar con palabras dispersas, buscar en arcoiris de tintas, en corrientes de flechas plateadas, entre serpientes que incendian alaridos, la paloma del replicante.
Valparaíso, Julio 1995, Santiago, 2002, 2010.